La sociedad real es en la que nacemos, en la que estamos
inmersos cotidianamente; la sociedad virtual es intangible, depende de la real
pero posee sus propias características.3 La sociedad real tiene límites
locales, fronteras geográficas y políticas; la virtual traspasa esas
demarcaciones y fluye en ámbitos transfrontera, su referente es global, algunos
dicen que planetaria. En el ciberespacio, donde se mueve la sociedad virtual,
se modifica la percepción espacio-tiempo; los usuarios, los actores, los
observadores de la sociedad virtual crecen exponencialmente y clarifican sus
derechos, los comparten y los refuerzan; el ciberespacio se vuelve un terreno
educativo, de investigación, de transacciones comerciales y de mercado, de
política económica, de denuncia y de lucha social.
Esta sociedad crea nuevas identidades, nuevos ciudadanos:
los netizen, término formado por net = red y cit(izen) = ciudadano; en
consecuencia, se generan nuevos términos, nuevas ocupaciones y quizá hasta
nuevos delitos, como los llevados a cabo por los hackers y los contra hackers,
así como los introducidos por los virus y los antídotos,4 para defenderse de
los ataques de quienes, por gusto, curiosidad, reto, o maniobra destructiva
bajo contrato, devastan trabajo y conocimiento.
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